¿Por qué estudiar matemáticas?

Ahora que se acerca el fin de curso, para muchos estudiantes se abre el melón de decidir qué hacer de sus vidas el año siguiente ¿sigo? ¿lo dejo? Y si continuo… ¿qué hago?  Por otra parte, para aquellos afortunados que tienen claro qué hacer, la reflexión se dirige a aquellas cosas que no entienden para qué estudian (¿para qué necesito estudiar tal, si voy a hacer cual?). Y claro, si hay una reina en el mundo del “que hace un chico como yo con una asignatura como esta” es matemáticas.lenguajematematicas1

Sin embargo, pocas cosas encuentro más necesarias en el proceso de aprendizaje. Y eso se debe a razones eminentemente metacientíficas, porque más allá de lo que estrictamente nos enseñan, hay unas cuentas cosas que aprendemos por el mero hecho de estudiarlas.

Para empezar, las matemáticas nos enseñan a reconocer los errores. Intentar solucionar un problema nos conducirá a cometer algún error, tener que dar marcha atrás y, eventualmente, buscar otro camino. Muchos estudiantes preguntan qué sentido tiene tener varias vías que conducen al mismo sitio (¿por qué hay cuatro formas de resolver un sistema de dos ecuaciones con dos incógnitas?), y la respuesta es sencilla: en cada situación tendrás opción de encontrar una vía adecuada. Y si te equivocas otra vez, prueba otro camino.

La precisión es otra de esas cosas que aprendemos con las matemáticas. Si hablamos de que algo es igual a algo, en términos matemáticos no nos cabe ninguna duda, no hay ambigüedades. Es una precisión que echamos mucho de menos en cuanto salimos al exterior y relajamos nuestro nivel de exigencia al respecto.

La atención al detalle es otra cuestión relevante. Cualquiera que se haya enfrentado al algebra sabe que un sutil error en un signo desencadena un cúmulo de errores que nos llevan a errores graves, o callejones sin salida.

Buscar el camino propio es la cuarta enseñanza: si hay varias opciones, busca la que te convenga. No hay caminos obligatorios ni únicos, y si alguien te dice que solo hay una vía no te está contando la verdad. Y siempre hay opción a descubrir más vías, por cierto.

Y para acabar, por aquello de que sean cinco cosas, lo que nos da un número primo muy interesante, no hay problemas imposibles. Si otro lo ha solucionado antes, puedes hacerlo; si nadie lo ha hecho antes, ¿por qué no ser el primero?

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