La mujer en la ciencia

El 11 de Febrero hemos celebrado el Día Internacional de la mujer y la niña en la Ciencia, una llamada de atención hacia la escasa visibilidad de las mujeres en el desarrollo científico. Es tristemente cierto que si su papel no se hace más visible, se hace difícil que las niñas se vean ocupando posiciones en el mundo tecnocientífico, y esa capacidad de imaginar es clave para que, en efecto, haya más mujeres científicas.

Y no será porque no las haya habido. Es sobradamente conocido el caso de Marie Curie, y precisamente por eso tal vez no sea muy necesario recordar su papel en la historia de la Física. Más interesante me parece, por contraste, el de otra mujer mucho menos conocida, y sin embargo esencial  para el desarrollo científico posterior. Me refiero a Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, marquesa de Châtelet, conocida como Émilie du Châtelet (1706-1749).

chatelet

Las biografías al uso hablan de que fue matemática y física, traductora de Newton al francés y difusora de sus teorías, y dedican un amplio espacio al hecho de que fue protectora y amante de Voltaire. No vamos a entrar en polémicas sobre la importancia de este asunto, lo que nos gustaría subrayar es la importancia capital que tuvo su trabajo como traductora y difusora de Newton.

A comienzos del siglo XVIII se produjo una “guerra científica” entre Newton y Leibniz por la paternidad del cálculo infinitesimal. Ahora nos parece una completa estupidez, pero en su momento supuso una división radical en la muy pequeña comunidad científica europea (o sea, mundial). Émilie du Châtelet (francesa, a priori partidaria de Leibniz) se tomo, para empezar, el trabajo de entender a Newton, lo que ya tenía su miga, porque su estilo era voluntariamente rebuscado y opaco. Por si esto fuera poco, el genio inglés escribía en latín, y por lo que respecta a los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, su obra cumbre, no dudó en confesar su intención de hacer aun más difícil la comprensión al público general. Ya en el siglo XVIII el latín, contra lo que se suele decir, no era de uso común en la ciencia.

No sólo fue capaz de entenderle, sino que además le interpretó de manera que estableció la traducción canónica de la obra al francés para los siguientes 150 años. Y el francés si era el idioma de la cultura y la ciencia en su época, y en los 150 años siguientes. Esa labor impagable permitió que muchos matemáticos y físicos (no sólo continentales) pudieran entender no solo el enfoque newtoniano del cálculo infinitesimal, sino sus consecuencias en el ámbito de la Física. Imposible, pues, entender el trabajo posterior de muchísimos científicos y matemáticos posteriores (pensemos en Bernoulli, Lagrange, y tantos otros).

Tan importante como hacer ciencia es entenderla, hacerla comprensible y transmitirla, y Émilie du Châtelet es sin duda la referencia. Los libros de física de nuestros estudiantes de ESO hablan mucho de Newton, pero no mencionan a quien nos hizo posible entenderle, una deuda que seguimos teniendo, y que desde nuestra modesta posición intentamos corregir.

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