Lo que supone alimentarnos

En entradas anteriores, en especial la que dedicamos al día mundial de la alimentación, mencionamos unas pocas cuestiones relevantes para dar una idea de por qué la forma en la que nos alimentamos es un asunto tan serio. Pusimos el foco en las explotaciones industriales frente a las pequeñas instalaciones familiares, un primer tema delicado, pero no es la única cosa que decidimos cuando nos llevamos comida a la boca. Dado que nuestros alimentos son animales y plantas más o menos procesadas, es obvio que la agricultura y la ganadería son el soporte esencial de nuestra vida, y a la vez son dos actividades esenciales para dar forma al medio ambiente que nos rodea. Nuestras decisiones sobre la composición y cantidad de nuestra dieta implican, por tanto, enormes redistribuciones del uso del suelo, un asunto sobre el que cabria reflexionar con más detalle, porque tiene repercusiones sobre las comunidades rurales dedicadas a estas actividades, o sobre la biodiversidad.

La agricultura y la ganadería son, desde el punto de vista de la ciencia, procesos que permiten que los humanos extraigamos los materiales y la energía que necesitamos para vivir ¿es relevante cómo se hace ese proceso? Podríamos pensar que no, pero tal vez es necesario reflexionar. Durante siglos hemos intentado incrementar ese excedente que obtenemos de estas actividades, y solo al comienzo del siglo XX descubrimos como acelerarlo e incrementarlo artificialmente. Ahora, además, empezamos a ser capaces de manipular los códigos mismos de la vida. El debate sobre el uso de agroquímicos es constante, y afecta a cuestiones asociadas a la salud, la contaminación de suelo y agua o la biodiversidad, pero en el caso de los organismos modificados genéticamente (OMG) la cuestión va mucho más allá.

Y por terminar por donde empecé, es muy relevante si lo que comemos lo producen grandes instalaciones industrializadas o pequeñas explotaciones familiares, una decisión que tomamos al ver la etiqueta en la tienda o el supermercado. Es una decisión que no supone solo apoyar o no a una empresa grande o pequeña, afecta también a la huella de carbono que se genera. Es esta una cuestión bastante desconocida, pero es la agroalimentación el sector que, tras la energía y el transporte, más gases de efecto invernadero genera. Dicho sea de paso, una de las cuestiones menos tratadas públicamente a propósito del cambio climático, pero que más preocupa a los técnicos, es precisamente como incidirá sobre la agricultura y la ganadería, y en última instancia sobre la producción mundial de alimentos.

Seguiremos hablando de todo esto.

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